
Las recientes declaraciones del flamante presidente de Estados Unidos Donald Trump con relación a Canadá, Groenlandia y el Canal de Panamá han dado mucho de que hablar a mucha gente. Lamentablemente mucho se ha hablado y poco se ha entendido. ¿Qué realmente hay detrás de dichas declaraciones? En una reciente entrevista concedida a la periodista Megyn Kelly, el secretario de Estado del gobierno de Trump Marco Rubio nos ofrece pistas muy valiosas:
“La manera en la que el mundo siempre ha funcionado es que los chinos van a hacer lo que está en el mejor interés de China, los rusos van a hacer lo que está en el mejor interés de Rusia, los chilenos van a hacer lo que está en el mejor interés de Chile y Estados Unidos tiene que hacer lo que está en el mejor interés de Estados Unidos. Donde se alinean nuestros intereses, ahí es donde tienes asociaciones y alianzas, cuando nuestras diferencias no están alineadas, ahí es donde la diplomacia trabaja para prevenir el conflicto mientras avanzamos nuestros intereses nacionales al entender que ellos van a avanzar el suyo. Y eso se ha perdido”
Luego agregó lo más interesante:
“Y pienso que esto se perdió al final de la Guerra Fría porque nosotros éramos la única potencia en el mundo y de algún modo asumimos la responsabilidad de convertirnos en el gobierno global en muchos casos, intentando resolver cada problema. Y hay cosas terribles sucediendo en el mundo. Las hay. Y también hay cosas terribles que impactan directamente nuestro interés nacional y tenemos que volver a priorizarlas otra vez. Así que no es normal para el mundo simplemente tener un poder unipolar. No era – esa fue una anomalía. Fue producto del fin de la Guerra Fría, pero antes o después tendrías que volver a un punto en el que tendrás un mundo multipolar, múltiples grandes potencias en diferentes partes del planeta”
¿Qué lecciones podemos extraer de las declaraciones de Rubio? Hay una muy obvia que destaca: esferas de influencia. A diferencia del Estados Unidos de las últimas décadas, al parecer esta administración entiende que existen otras grandes potencias en el mundo que también tienen intereses que van a defender independientemente de lo que piensen en Washington.
La disponibilidad del presidente Trump de negociar un fin al conflicto en Ucrania con su contraparte ruso es evidencia de que esta es la nueva mentalidad que predomina en la Casa Blanca. A pocos días antes de asumir la presidencia en una conferencia de prensa Trump dijo:
“Una gran parte del problema es, Rusia, por muchos, muchos años, antes de Putin, dijo ‘nunca podrán involucrar a Ucrania en la OTAN’. Rusia tendría a alguien en su puerta y puedo entender como se sienten al respecto”
También pocos días antes de asumir el cargo Trump mantuvo una conversación telefónica con su contraparte chino Xi Jinping que calificó de ‘muy buena’. Ya desde los tiempos de su primera administración Trump habla sin tapujos acerca de la buena relación que mantiene con el líder chino, sin olvidar que Trump también lo invitó a su inauguración. Más evidencia aún.
Y si a todo esto le agregamos las notorias discrepancias que hay entre Trump y la Unión Europea, especialmente en el ámbito de defensa, vemos claramente como el enfoque de esta nueva administración es el hemisferio occidental.
Las declaraciones de Trump con relación a Canadá, Groenlandia y el Canal de Panamá no son más que un delineamiento de esferas de influencia y un reconocimiento tácito de que el momento unipolar llegó a su fin. La multipolaridad no es un espejismo, es más bien una realidad en la que ya vivimos.




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