Guía para entender el lenguaje diplomático del ‘occidente colectivo’

El personaje ficticio Pinocho


No es secreto para nadie que el lenguaje empleado por la diplomacia del ‘occidente colectivo’ (entiéndase Estados Unidos y sus subordinados) es engañoso. Nada es lo que parece, todo parece lo que no es: la percepción y la manipulación de la misma es lo que cuenta. Al escuchar las palabras de sus representantes, si hacemos un simple ejercicio de sustitución de términos veremos un panorama muy diferente al que nos pretenden presentar con su lenguaje capcioso. Aquí una guía que espero ayude a aclarar la realidad detrás de la retórica, escrita en primera persona.* 

Ataque preventivo = agresión llevada a cabo para lograr objetivos políticos-geopolíticos

Comunidad internacional = nosotros y quienes siguen nuestros designios

Democracia = sistema político que podemos manipular y moldear 

Derechos humanos y minorías: instrumentos para interferir en otros países e imponer nuestra voluntad

Desinformación rusa = todo aquello que no conviene a la narrativa que pretendemos imponer 

Libertad = nosotros hacemos lo que queramos, donde queramos

Libre mercado = nosotros controlamos los mercados internacionales

Libertad de prensa = nosotros controlamos la narrativa

Orden internacional basado en reglas = nosotros imponemos nuestras reglas y el resto las obedece

Prensa independiente = propaganda financiada por nuestras organizaciones (NED, USAID, EED, etc.)

Rebeldes moderados-luchadores por la libertad = terroristas (Estado Islámico, Al Qaeda, etc.)

Sociedad civil = socios políticos en los países en los que intervenimos

Poniendo en práctica nuestro ejercicio, vemos que cuando se pierde el control de la narrativa se censuran canales como RT y Sputnik (entre muchos otros), dejando a un lado por completo el concepto de libertad de prensa. Vemos como los mismos países que desde el inicio del siglo XXI masacran a musulmanes en Oriente Próximo y África ahora están preocupados por la minoría musulmana Uigur en la región de Xinjiang de la República Popular de China, usándola como pretexto para imponer sanciones y desatar una despiadada campaña propagandística contra el país asiático. Vemos como en el 2003 se llevó acabo un ataque preventivo contra Irak sustentado en la supuesta existencia de armas de destrucción masiva (que siguen sin aparecer) para terminar ocupando militarmente al país árabe por más de veinte años, arrebatándole el control de sus recursos naturales.

En fin, los ejemplos abundan. La realidad no tiene nada que ver con la ficción que el juego de palabras nos presenta, y la hipocresía, lamentablemente, es la norma. Michael McFaul, ex-embajador de Estados Unidos ante la Federación de Rusia, no lo pudo haber dicho mejor: ‘Sí, estamos mintiendo. Ese es el mundo real’.  

*Es importante destacar que cuando empleo el término ‘nosotros’ no me refiero necesariamente a los Gobiernos (ni a los pueblos) de dichos países, sino más bien al entramado corporativo-privado que subyace detrás de ellos. La democracia no es más que la fachada detrás de la cual se esconde y se esgrime el verdadero poder. 

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